La ciudad y sus habitantes
¿Qué es habitar la ciudad* ?
Una ciudad como Medellín tiene significados concebidos por quienes la habitamos, y le damos sentido a partir de las relaciones que tejemos entre nosotros y en el espacio. Así pues, está construida desde la memoria que nos es propia, desde nuestras relaciones de identidad y nuestros imaginarios, elementos que hacen parte de un universo de representaciones elaboradas en ella. A esto se le denomina modo de vida urbano y es el principal patrimonio de una ciudad.
Recorridos por sitios en los que sólo estamos de paso, por aquellos otros de los que nos apropiamos, donde construimos relaciones de permanencia y de identidad con los demás, nos cuentan constantemente la historia de los diferentes usos que hacemos de los espacios de la ciudad. Sin embargo, habitar la ciudad es más que realizar los recorridos cotidianos que nos conducen a nuestros sitios habituales de trabajo, de vivienda, de diversión, de negocios, de compras, de educación; habitante implica además entender estos significados mediante los cuales recreamos constantemente la ciudad. Es también hacer conciencia de nuestros espacios cotidianos, otorgándoles sentido para trasformarlos.
¿habitamos de maneras diferentes la ciudad?
Cuando reconocemos ciertos lugares dentro de nuestros itinerarios y sitios de habitación, lo hacemos porque ya tenemos percepciones con respecto a ellos; del mismo modo, reconocemos y compartimos códigos y maneras específicas de comportamiento. Es un ejercicio que implica dotar de significaciones, semantizar e impregnar de sentidos nuestros espacios habituales, ya sean públicos o privados. De esta manera, les otorgamos unas cualidades que pueden ser positivas y/o negativas –bueno/malo, seguro/inseguro, feo/bonito, tradicional/moderno, limpio/sucio, público/privado–, a los espacios que frecuentamos, así como a los personajes que los habitan.
Cada uno de nosotros –cualquiera sea la razón por la que concurrimos en la ciudad– trae consigo un equipaje mental del que no se deshace al momento de aproximarse o de entrar en contacto con los espacios y sus dinámicas, con sus pobladores y sus visitantes. Es desde ahí que vivimos la ciudad, que la dotamos de sentidos y establecemos una cotidianidad distinta y particular según las actividades que desarrollemos en ella, guiados por el interés o por la necesidad y apoyados en las representaciones o imágenes mentales que nos hemos formado.
Así, la manera de entender las dinámicas que caracterizan un barrio, un parque, un bar, un museo, o una calle, incluso un cementerio, está mediatizada por el contexto cultural de quien observa, de quien entra en relación con un determinado espacio, aspectos que se configuran como otra vía de aprendizaje y acercamiento a la ciudad.
Podemos afirmar que la construcción sociocultural de ciudad no se hace de manera individual sino de forma colectiva, reflejando de esta manera también que “[...] Lo urbano al mismo tiempo que lugar de encuentro, convergencia de comunicaciones e informaciones, se convierte en lo que siempre fue: lugar de deseo, desequilibrio permanente, sede de la disolución de normalidad y presiones, momento de lo lúdico y lo imprevisible” (Lefebvre, citado por Delgado, 1999: 16). Es así que, habitar es una construcción permanente de sentidos y se entiende desde las maneras diferentes de ocupar la ciudad *
¿Quiénes y cómo habitan nuestra ciudad?
Nuestra ciudad se forjó, como otras tantas ciudades latinoamericanas, por grupos indígenas que habitaban este territorio, y por españoles y africanos, que en su continua interrelación generaron distintos procesos socioculturales que culminan en lo que somos hoy. Militares, nobles, cortesanos, gobernantes, sacerdotes, expedicionarios, comerciantes, así como españoles pobres y algunos otros con un largo prontuario delictivo, conformaban los grupos sociales, económicos, políticos y religiosos españoles, que llegaron para habitar las tierras del valle de Aburrá, a bordo de las embarcaciones que navegaron por el río de La Magdalena. Pero no llegaron solos, con el tiempo los acompañaron africanos, traídos al país como fuerza de trabajo, pues la población indígena se había diezmado considerablemente y no se consideraba apta para las labores encomendadas a estos otros pobladores; dichos esclavos provenían de diferentes culturas, ideologías, religiones y regiones del África, sobre todo del Congo y Angola, hablaban diversas lenguas y a pesar de habitar un mismo continente, eran plurales y diversos entre sí. Los distintos modos en que todos ellos se apropiaron y habitaron el espacio, se refleja no sólo en el trazado físico de la ciudad de hoy, sino también en nosotros, en nuestras particulares maneras de ser y estar en la ciudad.
* ACTIVIDAD No. 3. Nuestros recorridos y lugares cotidianos en Medellín.
* ACTIVIDAD No. 4. Colcha de retazos: la diversidad y la otredad. |