¿Por qué la ciudad es un bien público*?

Toda ciudad es una construcción permanente de dos elementos esenciales: los espacios y las relaciones. En las urbes tienen asentamiento edificaciones de toda índole, tales como casas, museos, bibliotecas, monumentos, calles, avenidas, puentes, instituciones educativas, hospitales, plazas, establecimientos deportivos, teatros, entre otros. Algunos de estos espacios fueron diseñados con el fin de ser usados por los habitantes  para encontrarse y establecer relaciones con sus semejantes y así descubrir el valor de la diferencia, pero también para comprender que todos tienen derecho a ocupar ese espacio que se llama ciudad.

Esos lugares son considerados como bienes comunes, –parques, monumentos, museos, bibliotecas, zonas verdes y deportivas, bulevares y calles–, porque pertenecen a todos los ciudadanos y es su derecho apropiarse de ellos, vivirlos, disfrutarlos, pero también es su deber cuidarlos, conservarlos y preservarlos para las futuras generaciones. Su función esencial es posibilitar el encuentro.

Un investigador de la ciudad, Fabio Giraldo * , dice que la ciudad es una casa grande, un lugar colectivo y por tanto, debe ofrecer a sus habitantes estabilidad, acogimiento, cumplimiento de normas, diálogo, resolución de conflictos, fiesta, recogimiento.

Otro académico interesado por el tema de la ciudad, el urbanista Jordi Borja * expone una serie de características que deben reunir los espacios públicos contemporáneos y que pueden aplicarse para nuestra urbe:

  • Dominio público. Donde puedan reunirse los diversos tipos de personas que viven la ciudad.
  • Uso social colectivo y multifuncional. Lugares que puedan emplearse para diversas actividades culturales, deportivas, políticas, religiosas.
  • Accesibilidad, que los habitantes puedan llegar fácilmente, con adecuadas rutas de transporte y sin tropiezos de tipo arquitectónico.
  • Calidad del espacio. La misma es evaluada por la intensidad y la calidad de las relaciones sociales, que facilitan la mezcla de grupos y comportamientos, debido a su capacidad de estimular la identificación simbólica, la expresión y la integración culturales.

Bajo estas características podríamos enumerar una serie de lugares de Medellín que las cumplen: los parques de Berrío y Bolívar, la carrera Junín, el Jardín Botánico, el Parque de los Deseos, la Unidad Deportiva Atanasio Girardot, la Biblioteca Pública Piloto, etc.

Pero es la ciudad en su totalidad la que debe considerarse un bien público, porque la habitan seres libres e iguales, que le brindan una identidad particular a la misma, por el tipo de relaciones y compromiso que asumen con la ciudad. Por ejemplo, la gente de Medellín se diferencia de la de otras ciudades por ser cordial y atenta; por su espíritu de trabajo y por el liderazgo. ¿Y esto por qué sucede? Porque la gente quiere su ciudad, la conoce, sabe dónde están ubicados los lugares más representativos, sienten como propio el Metro, visitan sus museos y bibliotecas, disfrutan sus plazas y parques. En esa medida establecen una relación directa con la ciudad que habitan, tienen una vivencia cotidiana de la misma.

Por eso es tan necesario que la ciudad cuente con espacios públicos que posibiliten los encuentros de los habitantes, como seres libres e iguales y, a su vez, reconozcan su condición de ciudadanos, porque pertenecen a ella y contribuyen a su construcción. Así, en la medida en que el ciudadano conquiste esa categoría y establezca relaciones con sus semejantes, contribuye a la construcción de la ciudad y la convierte en un espacio público.


* ACTIVIDAD No. 9. Toda la ciudad es un bien público.


* GIRALDO, Fabio. La política y la ciudad. Esap. Bogotá, 1997. Pág. 176.


* BORJA, Jordi. Ciudadanía y espacio público. En: Revista Foro No. 40. Dic. 2000-Enero 2001. Bogotá. Págs. 69-70.

 
 
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