¿ Que es el patrimonio ?
Si se quiere conocer qué significa “patrimonio”, es necesario reflexionar sobre el transcurrir del tiempo: nuestra vida y la de las sociedades están inscritas en la dimensión del tiempo, venimos de alguna parte y vamos para otra, nuestras ciudades son el resultado de sucesivas transformaciones del pasado y a la vez son las operadoras de transformaciones hacia el futuro. Hablar de patrimonio es hablar de un arte, aquel que debe desarrollar una sociedad para encontrar una armonía entre conservar y transformar el legado cultural recibido; cada sociedad, según sus características, debe encontrar el propio punto de este equilibrio.
La vida de los hombres, de las sociedades, de las ciudades existe a partir de una inevitable sucesión de cambios y transformaciones; los individuos y las colectividades no tienen que inventarlo todo, más bien se dedican a conocer, utilizar y apropiarse de los inventos de quienes les antecedieron: utilizan las palabras, los signos que los padres de los padres se han inventado para comunicarse; no tienen que golpear dos piedras para producir fuego, accionan la perilla de la estufa, o programan su microondas y sin grandes cavilaciones logran en pocos minutos alimentos calientes en su mesa; la combinación de ingredientes, los utensilios en que los cocina y sirve, el orden en que los consume, todo esto por lo general obedece a formas de hacer, a maneras de proceder que ya otros, sus antecesores, han probado y que, han demostrado cierta eficiencia, se vienen repitiendo de tiempo atrás.
Esto no sucede porque el sentido común indique cómo hacer las cosas sino porque permanentemente, sin tener mucha conciencia de ello, siempre estamos recibiendo saberes culturales de aquellos con quienes interactuamos más frecuente y repetidamente, aquellos con quienes habitamos un entorno: los cercanos e inmediatos.
Interactuamos frecuente y repetidamente en diversos grados o escalas: con la familia o aquellos con quienes se crece y se convive; con las instituciones con las que nos vemos enfrentados buena parte de la vida: la escuela, la fábrica, la empresa, la iglesia; con el entorno espacial en el que se vive: la calle, el barrio, la vereda, la ciudad y la región que abraza estas unidades más micro; pero también se comparte con los de nuestra propia generación, con los de nuestras condiciones sociales, con los de nuestro sexo, con los que ejercen nuestro oficio. Todas estas son rutas por donde se nos transmiten “los inventos, las innovaciones” que día a día la humanidad viene acumulando y transformando. Para bien o para mal vivimos sobre las rutas que otros han marcado, somos un cruce de rutas señaladas o trazadas por diversos grupos humanos, en diversos tiempos * .
A diario nos enfrentamos a dos situaciones extremas: detenemos cambios al repetir, congelar, conservar las herencias, consciente o inconscientemente hacemos esfuerzos para que lo nuevo afecte lo menos posible y reduzca las veloces transformaciones, es decir, nos apegamos a la tradición, al hábito, a la costumbre. Pero también somos agentes de las transformaciones, innovamos a partir de aquello externo que recibimos, promovemos las mutaciones, los cambios, a menudo obviamos nuestros haberes y saberes, para adoptar prácticas recibidas de muy lejos y modificamos velozmente las tradiciones creadas lentamente en nuestro ambiente familiar y cercano.
Tácita o explícitamente toda sociedad se hace esta pregunta: ¿Qué debe conservar o retener de su pasado o qué, por el contrario, debe transformar?
Al llegar a una ciudad o a un poblado podemos, de acuerdo con su aspecto físico y sus tradiciones culturales, determinar si le rinde culto a su pasado, o al futuro, o si sabe mezclar armónicamente la tensión entre estos dos tiempos. En Europa existen, por ejemplo, ciudades como Venecia, donde es alto el interés por preservar su pasado: lo podemos observar en sus edificaciones, sus transportes, sus fiestas, sus artesanías; allí no ha prosperado una nueva arquitectura, porque conscientemente se le ha querido cerrar el paso a las transformaciones, aunque esto es imposible de lograr totalmente. Existen, sin embargo, otras ciudades como Nueva York, que a pesar de poseer museos, bibliotecas importantes donde guarda parte de su memoria, o construcciones de tiempos pasados, están claramente proyectadas hacia el futuro. Una lectura del patrimonio sirve para calibrar cuál es la relación de una ciudad con su propio tiempo, su velocidad, su deseo de transformarse o de conservarse.
* ACTIVIDAD No. 5. El patrimonio cultural familiar.
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