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CUENTO


Inspirado en La Página de los Cuentos, “Tu comunidad de cuentos en Internet”

Allá en el bosque muy lejos del pueblo vivía un duende vestido de azul gorrito rojo, zapatos verdes calcetas largas, traídas del sur.

Un duende que vivía en un bosque muy frondoso en su casita de hongo. En el sombrero del hongo, el duende había acomodado su habitación, con su cama, su mesita de noche y sobre ella un gran botellón. En el pie del hongo tenía su mesa para comer y su silla, hermosamente labradas por su amigo, el pájaro carpintero que vivía en un árbol muy alto del frondoso bosque de los duendes.

El duende vestido de azul y gorrito rojo con un sonoro cascabel era muy travieso y se divertía mucho escondiendo las nueces y las avellanas de la provisión que recolectaba del viejo búho que posado en una rama dormía y dormía durante todo el día, pero al llegar la noche abría sus grandes alas y volaba muy alto por encima del bosque. El viejo búho era muy sabio y previsor, por si alguna vez en su vuelo rapaz no tuviera fortuna, él guardaba nueces y avellanas, que con sus enormes ojos redondos, descubría, cosechaba y guardaba en su nido.

Solo para el duende chistoso, la previsión del búho, no tenía importancia, una vez que el búho abría sus alas y salía, el duende chiquito y ágil se subía al árbol del búho y le escondía las nueces y las avellanas. Cierto día, cuando el búho había emprendido su vuelo nocturno y el duende ya se encontraba en lo alto del árbol del viejo búho, éste se devolvió, el duende travieso, se asustó con el ulular que se acercaba muy veloz, bajó de rama en rama lo más rápido y jadeando llegó a su casita en el hongo a refugiarse, pero en su huída se había desprendido el cascabel de su gorrito rojo.

El “rey del bosque” aunque no lo vio, muy observador y perspicaz descubrió que el duende vestido de azul, le escondía las nueces y las avellanas, y con una de sus garras agarró el cascabel del gorrito rojo, emprendió el vuelo, y lo soltó sobre un hermoso y amarillo árbol. El búho sabía que ese cascabel era muy importante para el pequeño duende, supo sabiamente que debía darle al travieso, una lección, “las bromas son divertidas, las maldades no se hacen”

Ya repuesto del susto, el duende travieso, decidió irse a dormir, se lavó cuidadosamente los dientes con su escobillita de pelo de ardilla y mango de palito de rosa, luego buscó su gorrito para limpiarlo ¡El cascabel no estaba!

Muy triste el duende lloraba y lloraba nada lo consolaba porque cerca de las nueve perdió su cascabel.

Lloró toda la noche y continuó llorando en el amanecer, un pajarito lo saluda -¿qué te ha sucedido duende azul?-, -¡he perdido el cascabel de mi gorrito rojo!-, el pajarito trata de consolarlo: -¡lo buscaremos,…no llores más!- Y así fue que todos los duendes y pajaritos amigos comenzaron la búsqueda del cascabel del gorrito rojo del travieso duende vestido de azul.

El viejo búho posado en su roble despierto de noche dormido de día muy serio observaba con sabiduría que el duende buscaba lo que no iba a encontrar.

Desde las alturas, el viejo búho observaba lo que acontecía. Ya había transcurrido un día completo en la búsqueda del cascabel, -tiempo suficiente de escarmiento-, pensó el búho y comenzó su ulular: "¡Huuuuuu! ... ¡huuuuu!" para llamar la atención de ¡¡¡toooodos!!!! El pájaro carpintero que en el bosque cumplía el rol de martillero, picoteaba un tronco de árbol perforado lleno de bellotas, para pedir el orden y el silencio que el viejo búho necesitaba.

Cuando todo estuvo en silencio el buho dijo -¡Necesito hablarle al duende travieso, que venga de inmediato! Un murmullo de trinos y vocecitas preguntonas, se escuchó en el lugar. Las avecillas emprendieron su vuelo en busca de su amigo. Mientras esperaba la presencia del duende travieso, el búho giraba su cabeza de un lado hacia el otro, pero él con sus ojos redondos muy abiertos lo veía todo, desde la gran oscuridad. Cuando estuvo el duende todos los demás rodeando el roble del búho, éste habló muy ceremonioso:


-A ti duende mal criado, por mucho tiempo has estado escondiendo mi cosecha de nueces y avellanas, invades mi árbol y me dejas sin mis provisiones- La cara del duende acusado, enrojeció, igual que su gorrito rojo sin cascabel, el viejo búho lo había descubierto y él sabía que lo que había estado haciendo solo por diversión, pero esto era un gran daño. Muy triste dirigió su mirada a quién lo acusaba frente a todos los habitantes del bosque.

-Si don búho, solo he sido yo y he perdido mi cascabel por malandrín, he sido castigado, nunca más seré hostil y caprichoso, he aprendido la lección, pido su perdón- El búho, sin demostrar la ternura que le inspiró el pequeño duende, le contestó: -Yo sé donde se encuentra tu cascabel, tendrás que cumplir tu promesa y recuperarás tu cascabel- -Si señor búho, yo seré un duende feliz y cortés, como lo son los duendes de éste frondoso bosque-

-Mi querido duende, tu honestidad debe tener su premio-, abrió sus grandes alas y le dijo a todos sus oyentes: -sigan mi vuelo, iremos todos a buscar el cascabel,

La luna llena brillaba y brillaba y las luciérnagas volaban de a mil, los chincolitos, van de rama en rama mientras los jilgueros tocan su clarín.
Y el travieso duende ya no llora más porque ya no teme al búho y su ulular, el búho le ha devuelto su hermoso cascabel y así termina el cuento de un duende y su rey

Nicole.

 

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